“No hace falta tener algo que contar para escribir. Precisamente el arte consiste en eso, en escribir algo ‘totalmente imprevisto”
Witold Gombrowicz
“No sé ni siquiera sobre que escribir, es como si en este acto me topara a cada momento con aquel corte de camino, con el filo del terreno y luego de esa frontera se extendieran a lo lejos, los riscos, entre la bruma de lo que aún no se averigua, entre las persianas naturales de las trama filosófica y sus condiciones”.
Ahí está de nuevo, marrano y cochino como siempre, aquel escritor con rostro de imbecil y cámara en mano, parece un turista en medio de la ficción de su propio cuerpo, en medio de la trampa formal y sus señaleticas. Los riachuelos de mierda se pierden a lo lejos llevándolo a él y su elocuencia. “Una masa bien ordenada de ellos llego el año pasado” dice un viejo de pala al hombro “aún no vuelven. Ni cadáveres, ni pisadas ni huellas, pelos o plumas pillamos, se los tragó la tierra, se los tragó papá estado, mamá subvención, vaya a saber uno, lo que sí está claro es que con sus huesos siguen poniendo dura y acida esta condenada tierra que se deshace con cada pisada”.
Empezar, siempre empezar es un problema.
Pareciera no haber temas de que escribir con el lápiz en la mano y el pene en la otra (el dedo en el tintero las muchachas)
Es peligroso aquel peñasco, ese momento, puede uno terminar a costalazos, herido y malhumorado. Mucho más terrible es pasar a formar parte del circo alienante de la escritura. De una ridícula escena provincial, con cócteles y palmitos que saben a gárgaras prostáticas, a humus biliares. El monigote escritor que se sube a las faldas del reconocimiento y sacude de motas añejas su pasado histriónico-epiléptico. Y sin embargo sucede, no importa cuantos desesperados se hagan los lesos, su rollo es el estar entrampado en una historia que cree no escribe y de la cual pretende sobrevivir a como de lugar.
¿Cómo?
Adornando escenarios y bellas caídas
Restregándose todos los días con el símbolo del artista (pasándosela por las grietas)
Alucinando, el chaman exótico en medio del peonaje y las barracas.
Y el enfado, el enfado, el enfado como un Santo Tomas hirviendo por dentro apagándole el 0-9-7 prendiéndole 2-4
Somos productores, requetecontraproductores, proyectores, inyectores.
Llamadas sónicas de la joven masa obrera que secretamente en clubes de moda carmines le come la color a la joven y menguante masa ilustrada del país.

