Me encuentro en una región de hombres desesperados, las mujeres no hacen menos. Todos se apedrean las cabezas, lo hacen una y otra vez. Puede que me haga mal permanecer acá, pero que se le va a hacer, tal vez este sea el mejor escondite, si es que esconderse quiere decir: desgajar acuchilladas la memoria, filetear los recuerdos, apresurar las instancias.
Duele escribir desde lo que sucede
No se puede decir de otra manera ¿Hay honestidad en este papel eléctrico? O sólo trampas escabechadas, o solo somos seres hemipléjicos tratando de resolver el burdo problema matemático de nuestras vidas. El exilio es una cosa muy distinta a esto que vivo pero duele igual, duele igual que te hayan jodido, que te hayan abandonado, duele incluso en tercera persona singular, con la apatía y el cariño dividido, repartido por los fosforescentes abismos.
No me hiciste más que el bien con ganas de mal.
Estaba sólo desde hace muchos años y el fantasma de Azucena volvió un día, entre la amabilidad y la culpa que invadía el lugar, haciéndose espacio como atravesando una jungla de emociones apelmazadas. De vez en cuando follábamos, cada vez que lo hacíamos me perforaba las sienes como si ésta fuera una nueva manera de hacerlo. Luego de oscurecer las ansias, su fantasma permanecía y hablábamos del limbo, del ectoplasma, de las posibilidades energéticas del inframundo. Ya pasado un rato desaparecía siempre en silencio, con sus no-pisadas, echando mierda y objetos por la boca, de verdad hacia posible la realidad. Su camino era una fuente permanente de realidad.
Pero todo aquello no era mas que la miel urdiéndose en la garganta, pequeño momento que taponeaba el sufrir con las imaginerías típicas de la literatura, pero si ella era vida, realidad… todo lo posible, de que forma reemplazarla, de que forma hacerla desvanecerse.
La burguesía emprendedora y charlatana mira mis tristezas colgadas en el tendedero.
Michel Tournier, en El espejo de las ideas, opone a la amistad el concepto del amor, y viene a decir algo como que todo lo que no toleraríamos jamás a un amigo, un acto de vileza, por ejemplo, lo toleramos y lo aceptamos en el amor, pues el amor, en ocasiones, y al contrario que la amistad, también se alimenta de la vileza, de la cobardía, de la bajeza. El amor, y la historia está llena de ejemplos que lo certifican, puede ser coprófago, algo que jamás es la amistad. Bueno, todo esto es relativo, por supuesto. William Burroughs zanja la cuestión a su manera, cuando afirma que el amor es una mezcla de sentimentalismo y sexo. Recuerdo que cuando leí esta declaración de Burroughs, a los veintipocos años, me sentí muy apesadumbrado.
Comment por Bolaño spam — Octubre 20, 2007 @ 4:45 pm |