No les he contado.
soy de la Silla del Sol, bien al sur del mundo un poco tirado pa’ la izquierda no tan lejos del mar ni tan lejos de la montaña.
Aveztruces y jabalies se ven de cuando en cuando. Arrastradas e introducidas por la pequeña burguesia emprendedora del lugar.
Actualmente me encuentro resfriado y se producen acontecimientos muy inquietantes en este momento, por ejemplo:
-Bajo un disco del duo Angolino Quelentaro, un regalo que espero realizarle a mi padre (grupo que me hace recordar a mi amigo Salvador Plant que descansa junto al Che Guevara en una clínica de rehabilitación más al sur de acá como si decir más al sur quisiera decir más atrevimiento, más locura, más consumo de celulas nerviosas).
-Bajo el último disco de Manu Chao, que según leí por ahi es mucho más melancolico que cualquier otro lanzamiento de este sujeto: distorsión sudaca, expresión cavilante de los ociosos y flojos. Ese es Manu, eso somos nosotros los que nos atrevemos de vez en cuando, dejandonos hechizar por el ilusionista graduado en Chicago, MBA en Tech de Massachuset; que nos dejamos follar por el incubu padre terrenoy su pene de escarcha entrandonos a los bulbos y lloran los poros explicandonos, que es ilusión el saber, dicha la ignorancia. Se llora, se calma uno.
-Escucho Patricio Mans, el sonido es pésimo, su voz se encuentra a punto de estallar no sé si por causa de lo malo de la grabación o es ésa la intención del Pato, será eso, será aquello. De todas maneras se admira el filo, el riesgo del país vanidoso en el cual nos tocó vivir, una vanidad despreciable, moribunda si se quiere, como un viejo actor porno que aún intenta empalmarse la tula desde su silla de ruedas cromada. No vale la pena.
Mi resfrio sigue
